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Relato lésbico – Hacer el «Tales de Mileto» fue lo que más me gustó con mi profe de filosofía

Por: Alle

Hoy les contaré un relato lésbico que tuve hace algún tiempo. Siempre he dicho sin lugar a dudas que las mejores experiencias son las que no se planean, sino que simplemente llegan de imprevisto.  Esta historia empezó cuando estaba en el grado 11 del colegio, a punto de graduarme y aún 5 años después sigo sin creerlo.Todos hemos tenido alguna vez un profesor o profesora que nos vuelve locos; desde que entraba al salón sentía un deseo inimaginable de estar con ella a solas, era mi profesora de filosofía en un curso que hacía los fines de semana externo al colegio, y aunque solo iba los sábados, les puedo jurar que desde el viernes anhelaba que al siguiente día nos dieran clase de filosofía solo para ver a esa profesora que me ponía los pelos de punta

 

Relato lésbico

Como empieza la historia

Lo peor es que yo sentía que no tenía oportunidad con ella. Yo era una de esas alumnas calladas a las que los profesores casi no notan y peor aún, muchas veces la veía al terminar el curso coqueteando con otras personas, que de hecho eran hombres, así que pensar en una fantasía con ella, simplemente era soñar despierta. Esta profesora tiene ese típico atuendo de niña mala, el cabello crespo y revuelto, una cara con facciones fuertes, un piercing en la nariz y una ropa desgastada y ruda que la hacía ver aún más interesante. 

Relato lésbico

Un día, decidí enviarle un correo electrónico, según yo era una gran idea de acercarme a ella sin parecer sospechosa, así que lo único que se me ocurrió fue decirle que me encantaba su clase y que si me podía recomendar un libro para leer en mi tiempo libre. Yo con el corazón en la mano pero protegida por una pantalla, solo tenía la esperanza de que no ignorara mi correo y me diera una respuesta más bien agradable. 

Para mi sorpresa me respondió en menos de media hora, y fue tanta la emoción que le puso a ese correo, contándome sobre su libro favorito, que en poco tiempo llenamos la página de entrada desviándonos un poco del tema, en donde yo le pregunté que si creía que podríamos seguir hablando en WhatsApp y ella como ya era de esperarse, me pasó su número telefónico. Le escribí  esa misma noche y durante toda una semana continuamos hablando. 

Relato lésbico

 

 

El primer contacto que tuve con mi maestra

A la siguiente semana, nos vimos en la clase de los sábados, y yo sentía que ella me notaba más de lo normal, así que para mí, siendo algo tímida era un poco incómodo. Sin embargo, al final de la clase me dijo que me acercara a ella, primero me preguntó cómo me había parecido el libro, lo cual para mí era una completa excusa. Pero luego de ello, me quedé pasmada, cuando me dijo que si la quería acompañar a su casa. 

Yo sin duda acepté, aunque ella me ponía tan nerviosa que mi rostro se tornó de color rojo. Aun así salimos juntas del edificio. Una ventaja enorme era que a las dos nos gustaba montar en bicicleta, así que nos fuimos juntas hacia su casa. Y aquí es cuando ella empezó a hacer comentarios completamente directos que demostraban que realmente quería lo mismo que yo; acostarse conmigo. 

Relato lésbico

Y realmente no hubo que esperar mucho, ya que en cuanto llegamos a su casa, me dijo que me sentara en el sillón, mientras ella buscaba algo. Luego regresó con hierba preguntándome si quería fumar. Cabe aclarar que ella me llevaba como mínimo 8 años y yo me sentía toda una bebé a su lado; nunca había fumado y nunca había estado con otra mujer. Sin embargo, acepté. 

Me llevó a la cocina para fumar al lado de la ventana y me sentó en su lavadora, me abrió las piernas y se acomodó entre ellas. Me pasó el bong de vidrio en el que fumaba en su casa y yo con cero experiencia, solo conseguí atorarme con el humo y empezar a toser. Ella se empezó a reír y me dijo ‘‘Que hermosa eres’’ mientras deslizaba sus manos por mi cintura. 

Relato lésbico

 

Lesbianas directo a la acción 

Tenía unas manos grandes y estaban tibias, me agarró la cadera y empezó a subir con un tacto sutil mientras me miraba con esos ojos potentes y firmes que distinguían su mirada. Siguió subiendo y me desabrochó el brasier que llevaba puesto. Acercó su rostro y levantando mi camiseta empezó a dar pequeños besos en mi pechos que me hacían erizar. 

Luego yo tomé su rostro y lo besé con pasión, tenía unos labios finos pero muy suaves de los cuales no quería despegar mis gruesos y rojos labios que combinaban a la perfección. Mientras tanto, ella me agarró de nuevo de la cadera, me levantó en sus brazos y me llevó al sofá en el que había estado antes. Allí me quitó la ropa como si no hubiera un mañana, hasta casi rompe mi camiseta pero eso no importó, solo quería arrancarme la ropa de encima y ver mi cuerpo desnudo. 

Relato lésbico

Me dijo: Quédate ahí, solo quiero verte por un momento. Mientras miraba cada parte de mi cuerpo, pasaba sus manos tibias acariciándome. El rubor en mi rostro no cesaba y aunque estaba muy excitada, me sentía indefensa, ya que ella tenía toda su ropa puesta y miraba mi cuerpo con deseo. 

Luego me acostó y sin pensarlo dos veces me penetró con tres de sus dedos, los gemidos no demoraron en salir de mi boca, pequeños sonidos entre agudos y tiernos que le indicaba que estaba haciendo las cosas bien. Movía sus dedos con movimientos de ondas rápidas y lentas que hacían que toda la temperatura de mi cuerpo subiera. 

Relato lésbico

 

En este relato lésbico me convertí en una sumisa simplemente obediente

Luego se detuvo por un momento y se quitó la ropa y dirigió mi cabeza hacía su vagina, quería que le hiciera sexo oral y yo no lo pensé dos veces. Ella estaba de pie y yo sentada  en el sofá; mi lengua salía de mi boca con mucha saliva y acariciaba su clítoris con mucha pasión. Tenía unas ganas inimaginables de hacerle todo lo que quisiera. Así que básicamente, me convertí en sumisa, ella me decía que hacer y yo aceptaba todo lo que quisiera.  

Me pidió que la besara mientras me acariciaba el clítoris yo misma y lo hice, después ella quiso meter sus dedos dentro mío de nuevo, empezó con dos; mi cuerpo caliente lleno de sudor temblaba y gemía sin parar, hasta que me hizo tener un primer orgasmo. La respiración más acelerada que había tenido nunca. 

Luego quiso tirarme del cabello, como si hubiera descubierto qué era lo que yo había estado soñando despierta. Mi espalda se curvaba y ella besaba y pasaba su lengua por mis nalgas.  

Después, quiso introducir un dedo y otro y otro. Toda su mano estaba dentro mío y yo casi gritaba.

Luego sacó su mano, húmeda, completamente mojada y empezó a masturbarse ella misma mientras yo besaba su rostro. Ella también gemía y sudaba, hasta que terminó. 

Estábamos exhaustas. 

La despedida de este relato lésbico:

Después de todo lo que habíamos hecho esa noche no quedaba más que irnos a descansar. Nos arreglamos, nos vestimos y cuando llegué a mi casa me di una buena ducha caliente. 

Por si se lo preguntaban; después de esa noche, intercambiamos unos cuantos mensajes, pero no continuamos hablando por mucho tiempo. Aunque había sido muy placentero, ninguna de las dos quería construir ningún tipo de vínculo con la otra. Así que simplemente dejamos de hablar y ahora esa aventura con mi maestra de filosofía, es simplemente una anécdota que contar.  

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